La crisis afecta a la Corona

La crisis que se cierne sobre España desde hace años ha complicado la existencia de millones de españoles que ven como su nivel de vida se ha desplomado de forma, en algunos casos, dramática.

Una de las familias españolas afectadas, por más extraño que pueda sonar, es la Familia Real. Hace unos meses la prensa se hizo eco del primer síntoma que anunciaba las dificultades económicas por las que atraviesan los Borbones: los Duques de Palma, acosados por la miseria, se vieron obligados a echarse a robar. También recientemente se hizo público cómo Don Juan Carlos había tenido que recurrir a la caza para poner, aunque fuera, un plato de comida en la mesa de La Zarzuela.

Esta misma mañana, hemos vuelto a ser testigos de un nuevo episodio lamentable. Durante un acto militar nuestro monarca, según la versión oficial, ha sufrido una caída tras tropezar. Una vez más, kutxitxeos.net ha llevado al límite la investigación periodística y ha conseguido hablar con un testigo directo de los hechos, cuyo nombre no podemos desvelar por razones de seguridad. Informamos de la realidad de lo acontecido esta mañana a través de dos documentos fotográficos de indudable valor histórico.

En la primera instantánea se aprecia cómo Don Juan Carlos no tropieza sino que se precipita por voluntad propia al captar la presencia de calderilla en el pavimento:




La siguiente fotografía muestra al monarca disimulando, al percatarse de la atención despertada por su comportamiento, como si estuviera bailando breakdance.




Algunos lectores serán sin duda reacios a aceptar la versión de los hechos que aquí desvelamos atendiendo a la foto que se ha podido ver de Su Majestad con la nariz magullada e inflamada. Nuestra fuente secreta nos aclara este punto: "Naaaaaa... si el hijoputa se ha puesto a hacer polladas para que no nos diéramos cuenta, pero más de uno le hemos visto cogiendo la pasta del suelo y hemos ido a por él. Ese dinero se le ha caído a mi teniente, que lo tenía ahorrado para llevar el tanque al autolavado, y como no lo ha querido soltar por las buenas pues ha sido por las malas, de la primera hostia que le he soltao en la tocha le ha saltao la gorra al gilipollas".

Últimos versos de un poeta muerto

Es el título de una ultrabreve colección de poemas que he publicado en formato electrónico. Más que un libro es un tríptico, pero bueno.

Lo que he publicado es en lo que ha quedado lo que pretendía ser mi segundo poemario. La cosa es que, si mucho no me equivoco, ya no escribiré nunca poesía, así que tenía dos opciones: sacar lo poquito que había o dejarlo olvidado en el disco duro. Y bueno, me parecía mal dejarlos cogiendo polvo. No es que sean muy buenos, pero peores eran algunos de "Alas de ceniza" y tuvieron su oportunidad. Así que estos también la merecen.



Podéis descargarlo (o leerlo online) clicando en el enlace: Últimos versos de un poeta muerto

Ryanair dará de hostias a sus pasajeros

De nuevo una iniciativa de Ryanair suscita polémica. La aerolínea irlandesa ha dado a conocer hoy una nueva estrategia para "poder seguir ofertando vuelos a pedo puta", en palabras del presidente Michael O'Leary.

Entre la batería de propuestas llama especialmente la atención el servicio al que se ha bautizado como "Ryanay!", consistente en que a la tripulación de los vuelos se le permitirá, "e incluso lo alentaremos", el ejercicio de la violencia física contra los pasajeros. Lo que se pretende, según la dirección, es ofrecer beneficios especiales a los trabajadores a cambio de una inminente bajada salarial. "Quien compre lotería, cigarrillos electrónicos o cualquiera de esas mierdas que vendemos tendrá un trato especial, sin golpes en zonas vitales, por ejemplo. Y por supuesto, quien lo desee podrá pagar un suplemento y volar con la tranquilidad de que nadie le hará un careto nuevo", añadió O'Leary.

Otras opciones que el cliente podrá elegir para tener acceso a billetes aún más baratos serán, entre otras, volar de pie, volar colgado de los pulgares o volar por los aires maldito hijo de la gran puta.


Audio: Nosoträsh - Voy a aterrizar

Encuentran un chico con cinco anos

La noticia saltaba esta manana en el municipio de Cabanas, provincia de La Coruna. El nino Ínigo Núnez Canero, de cinco anos de edad, y que se hallaba en paradero desconocido desde el domingo, fue hallado por la policía local en las afueras de la localidad.

"Cuando nos acercamos a él sacó su pistola de canones recortados y dijo '¡tanaun, tanaun!'. Es un crío muy saladino", declaró uno de los agentes. La madre no quiso hacer declaraciones sobre las circunstancias en las que se produjo la desparición de Ínigo, solamente puntualizó: "Será todo lo saladino que digan pero a mí me tiene hasta el cono, un día de estos lo tiro al Mino".



Nota del autor: Sí, después de 9 meses de abandono vuelvo con esto. Soy asín. xD

Borta bra, men var är hemma?

Está sentado junto a la puerta de embarque, la cara quemada por el sol. Parece un guiri más. De hecho parece el más guiri, piensa. Y puede que lo sea. Es un guiri que abandona la caótica isla mediterránea en la que ha pasado unos días de vacaciones. Todos lo son. Pero él, llegados a destino, seguirá siendo un guiri. Así que bien pensado, sí, es el más guiri. Está de buen humor. Y eso que antes...

Está sentado en una pequeña terraza que hace las veces de zona de fumadores en el aeropuerto, fumándose las horas que quedan para su vuelo. La brisa aparta el olor a cenicero y lo sustituye por un perfume femenino. Solo un instante. Luego otro. Varias veces. Y algo en ese perfume le encoge el corazón. Trata de convertir la sensación en un recuerdo concreto. Esa chica de la que sigue un poco enamorado. Esa por la que cerró una vida y abrió otra. Hay otras razones, pero esa chica es la verdadera, aunque solo lo sabe él. Pero lo descarta, no es eso. El perfume es de otra, una que ni le va ni le viene, que por alguna razón que no entiende identifica con hogar. Eso es lo que le encoge el corazón. No es amor. Es hogar. Y piensa en otro hogar. El de siempre. Y se siente un poco traidor, un poco desagradecido. Está triste. Y eso que antes...

Está de pie frente al panel de salidas del aeropuerto, buscando su vuelo. Y por un momento no sabe cuál es. 19.45 Stockholm Skavsta Ryanair. 19.45 Madrid Barajas Ryanair. Bueno, sí que sabe cuál es su vuelo. Pero fantasea con tomar el otro. Y mira al panel de nuevo. 19.45 Solo Miedo Hombre. 19.45 Madre Salvo Niño. Deja de fantasear. Sabe cuál es su vuelo. Sabe cuál es su sitio. Sabe qué hace y sabe por qué. Más o menos.

Ahora está escribiendo. Terminando el último párrafo. Tiene la nariz un poco congestionada y los ojos un poco rojos. Como de haber llorado. Podía haberlo evitado. Podía no haber escrito y no haber llorado. Pero sabe que le hacía falta. Solo un poco. Porque es agotador ser fuerte todo el rato. Porque hay que doblarse para no romperse. Y sabe que es fuerte. Y aunque se sienta un poco traidor, sabe que, ahora, de momento, este es su sitio. Hay un proverbio sueco que dice así: Borta bra, men hemma bäst. En cristiano: fuera bien pero mejor en casa. Tal vez sí. Pero antes hay que encontrar tu casa. Y antes hay que buscarla. Quizá luego resulte que siempre estuvo delante de sus narices. Quizá no. De momento hace lo que toca, buscar. Y lo tiene claro. Más o menos.


Audio-vídeo: Hello Saferide - Parenting Never Ends ('I have trouble sleeping but I don't recall I had while in your womb')

Enfocando

Me despido del inspector de policía, cuelgo el teléfono, echo el cierre metálico a la tienda. Me dejo caer en el sofá de la trastienda tratando de encajar lo que el inspector me ha contado. ¿No debería estar llorando? ¿O atacado de los nervios? ¿O algo? ¿No debería sentir algo? No siento nada, me siento como. Como un trozo de corcho, quizá.

Conozco a Carlos desde... siempre. Hemos crecido juntos, casi como hermanos. Y a Paula la conocimos los dos un par de años antes de que empezaran a salir, cuando ella se mudó al pueblo. Teníamos los tres quince años. No, miento. Carlos es un año mayor. Era. Era un año mayor. El caso es que Paula llegó y lo trastocó todo. Era preciosa. Y era una novedad, también. Paula nos gustaba a todos. Pero eligió a mi amigo, a mi hermano.

Me levanto como impulsado por un resorte y abro la puerta del laboratorio, enciendo la luz y me siento al ordenador. Descargo las fotos de la comunión de Daniela que están desde ayer en la memoria de la cámara. No sé si quiero simplemente verlos vivos o si espero encontrar algo en las fotografías. Lo cierto es que no quiero nada, solo me dejo llevar. Me dejo llevar.

Ellos fueron mis primeros clientes también, hice el reportaje de su boda. Cuando empecé con la fotografía ambos me apoyaron. Paula se prestaba como modelo a menudo. Hubo aquel roce, claro. Cuando los desnudos. Fueron unos meses jodidos. Pero al final Paula convenció a Carlos de que no había nada. Y yo entendí que no se podían cruzar ciertos límites. Entendí que existían Paula y Carlos. Y en otro cajón estaba yo. Lo entendí y las cosas volvieron a ser como siempre.

Voy mirando cada foto sin prestar demasiada atención. Pulsando el ratón como un autómata. Viendo a mis amigos y a su niña. Perfectos. En el salón de su casa. Perfectos. Llegando a la iglesia. Perfectos. Daniela comulgando. Perfecta con su dorada cabellera. Y seria, como siempre. Era una niña extraña, Daniela. Preciosa, como una muñeca de porcelana. Fría, como una muñeca de porcelana. Siempre fue así. No recuerdo verla llorar. Ni reír.

El teléfono suena en la tienda y salgo a contestar: Cárdenas. Me esperan a las nueve de la mañana en comisaría para hacerme algunas preguntas. Y para ver las fotos de la científica. “Mañana a las nueve”, contesto antes de colgar. Esas fotos no me apetece verlas. El inspector ya me ha explicado en su anterior llamada cómo habían encontrado la casa. Puertas y ventanas cerradas. Carlos y Paula deslavazados sobre un charco rojo en la blanca moqueta del salón, acuchillados una y otra vez. Daniela sentada en el sofá, el vestido de comunión empapado en sangre, mirando a sus padres con ojos de cristal, un corte horizontal en su garganta.

Vuelvo al ordenador. Daniela saliendo de la iglesia. Carlos y Paula en el jardín de la plaza, con Daniela en medio. Carlos y Paula en el jardín de la plaza, con Daniela en medio. Avanzo tres fotografías de golpe, de forma involuntaria. Levanto la mano del ratón y miro mis dedos temblar. Carlos y Paula en el jardín de la plaza, con Daniela en medio. Ya he visto esa foto. No sé dónde y no entiendo cómo. Pero la he visto antes.

Abro el armario del material. Cámaras, objetivos, baterías, cedés. Todo apilado de mala manera en el armario de metal. En el estante de abajo están los cedés personales. Voy revisándolos uno por uno. Cumpleaños de Daniela. Vacaciones juntos. Navidades. Paso las fotos de forma frenética, fijándome solo en la composición. Clic, clic, clic, clic, cliclicliclicliclicliclicliclicliclicliclicliclic... Y de pronto un golpe seco en el interior del armario hace que todo mi cuerpo se tense. Paso una mano por mi pelo y suspiro mirando al techo. Cálmate.

Abro el armario y al hacerlo parte del material cae al suelo. Se ha soltado la balda superior. Vuelvo a colocarlo todo como puedo y recojo las cosas del suelo. Y está allí. Lo veo al levantar el trípode pequeño. Boda de Carlos y Paula. Coloco el cedé en el equipo. Voy pasando las fotos, una a una. Carlos y Paula por separado, cada uno en casa de sus padres. Carlos llegando a la iglesia. Paula llegando a la iglesia. Fotos de la ceremonia. Los recién casados bajo una lluvia de arroz y confeti. Carlos y Paula en el jardín de la plaza. Carlos y Paula en el jardín de la plaza. Ahora lo recuerdo. ¿Guardé copia de esa foto?

No les hizo gracia. Paula se enfadó, incluso. Tal vez no fuese una buena idea, pero era una broma nada más. Una puta broma. Pero con ellos siempre era así. Todo tenía que ser perfecto. Siempre perfecto. La pareja perfecta. La boda perfecta. La vida perfecta.

Busco entre los cientos de fotografías y papelajos que cogen polvo en el archivador. Puede estar aquí. Era una tontería. Cogí la fotografía que tenían en el jardín y puse entre ellos otra imagen que bajé de internet, de una página de misterio, ovnis y gilipolleces de esas. Quedó bastante bien. Estaban ellos y, entre medias, una niña vestida de blanco que, fijando su fría mirada en el objetivo, flotaba a dos palmos del suelo.

Tengo que encontrar esa foto. Tengo que ver esa foto. Tengo que comprobarlo con mis propios ojos. Tengo que asegurarme de que no estoy loco. Pero no aparece. Suena la campanilla de la puerta. Empiezo a caminar para salir de la trastienda y entonces recuerdo. Bajé la persiana metálica. Bajé la persiana y eché el cierre. Busco a mi alrededor algo que sirva como arma, agarro el trípode y salgo con cautela. Y encuentro la fotografía sobre el mostrador. Carlos y Paula en el jardín de la plaza, con Daniela en medio. Daniela. Daniela flotando a dos palmos del suelo.

Me froto los ojos con furia. Observo la fotografía otra vez. Pero no. No es Daniela. Es una niña morena. No se parece a Daniela. Daniela es rubia y tiene una cara completamente diferente. Puedo hacer memoria y recordar su cara. Parece que la estoy viendo, con el largo pelo rubio, el vestido blanco, la sangre brotando por una grieta en su garganta.

Arrugo la fotografía y la arrojo a la papelera, sobre unas toallas rosadas. Descuelgo el teléfono: “Soy José Ramón Martínez Márquez. Quisiera hablar con el inspector Cárdenas, por favor”.

Audio-vídeo: Billy Corgan - The cameraeye ("I unaware move against my will")

La estrategia del agua

Toca hablar una vez más, y van muchas últimamente, del libro electrónico. Y, también como la última vez, de Lorenzo Silva.

El título de esta entrada es, de hecho, el título de una de sus novelas. Novela que no he leído aún, por cierto. Pero creo no muy arriesgado pensar que con eso de la estrategia del agua se refiere a que el agua tiende a ocupar todo el espacio posible; una versión de aquello de 'Be water, my friend'. Pues justo lo contrario es, según parece, lo que hacen las editoriales españolas. Ellos dirían algo así como 'Be hormigón armado, my friend'.

Como escribía hace unos días, Lorenzo Silva ha puesto a la venta sus libros en formato electrónico a precios más que razonables y sin DRM. Un servidor quería, por un lado sentir lo que es comprar un libro electrónico, y por otro colaborar con el autor que ha sido lo suficientemente valiente/sensato para dar este paso. Pero no me dejan.

He probado en todas las tiendas que, según Libranda, venden los libros electrónicos de Silva y ninguna permite la compra desde Suecia, por indicaciones, dicen, de la editorial. En Casa del Libro me permitieron pagar, eso sí. Y he de agradecer a Lorenzo Silva su intervención directa a través de Twitter, sospecho que crucial a la hora de conseguir el reembolso de mi dinero. Pero mi problema particular es lo de menos, un accidente. Lo importante de esto es la imposibilidad de comprar libros desde fuera de España. Que yo sepa, por lo que he leído en Twitter y blogs diversos, los libros de Lorenzo Silva (y supongo que de cualquier otro autor) no pueden adquirirse desde Suecia, Reino Unido y Estados Unidos. Parece, por tanto, que no pueden adquirirse desde el extranjero. (Espero que sí se pueda desde Hispanoamérica, porque eso ya sería para tirarse de los pelos). Evidentemente, quiero dejar claro, esto es un problema de la editorial y en ningún caso del autor que ha demostrado con creces su interés en que su obra se venda y difunda lo máximo posible (como es lógico).

Y yo me planteo una cuestión. ¿Para qué narices estamos abriendo centros del Instituto Cervantes aquí y allá? ¿Para qué narices estoy yo enseñando español a extranjeros? ¿No sería conveniente aprovechar que el español es una de las lenguas más habladas del mundo para sacar rendimiento económico que revirtiera en nuestra economía? ¿Por qué impiden las editoriales que se compren los libros desde Estados Unidos siendo este país el segundo, detrás de México y por delante de España, en número de hablantes de español como lengua materna? ¿Por qué no aprovechan que hay millones de personas aprendiendo nuestra lengua para intentar venderles esos libros? ¿Por qué se quejan de que les roben si luego no dejan que se les compre? ¿Por qué son tan inmensamente zoquetes?

Audio-vídeo: A Camp - I can buy you (No, I can't!)