Ayer me dieron una lección

Sí, ayer recibí una lección de humanidad. A la vuelta del trabajo paré en un kebab para comprar algo para llevar y zampármelo en casa. Cuando entré solamente estaba allí el dependiente, así que le pedí un par de cosillas y me fui a la máquina de tabaco a sacar vicio.

Pues mientras echaba allí las moneditas entró una señora, que no tendría menos de 70 años, pidiendo limosna. Bueno, en realidad el gesto que hacía no era el de pedir limosna, lo que hacía era pedir algo de comida. Uno está muy acostumbrado a estar en bares y cafeterías y que entren personas pidiendo, y muy acostumbrado a que dueños y encargados les 'inviten', con mejores o peores modales, a abandonar sus locales. Y lo que es peor, uno está muy acostumbrado a que aquello le parezca normal, demasiado acostumbrado a permanecer impasible ante este tipo de situaciones.

Ayer, cuando entró esa viejecita, pensé que el chico del kebab haría lo habitual: decirle que se marchara. Y fue entonces cuando recibí una lección que, la verdad, ya me iba haciendo falta. El muchacho se puso a prepararle un kebab a la mujer, atendiéndola como a cualquier otro cliente, preguntando si quería tal salsa o prefería tal otra, le entregó a la señora su kebab y ésta se marchó dándole las gracias. Así de sencillo.

Algunos hemos crecido con demasiadas facilidades. Este chaval, de mi edad o poco más joven, probablemente creciera en unas condiciones mucho más duras que las mías, muy probablemente también (a pesar de ser yo un mileurista) su situación económica sea peor que la mía; pero quizás por sus experiencias conoce mucho mejor que yo qué es la necesidad y es más sensible cuando la tiene delante.




Recuerdo que de niño yo tenía más peligro que un saco de bombas cuando mis abuelos o algún otro familiar me daban algo de dinero. Lo mismo me daba llevar cinco duros que llevar cuarenta, a la que veía a alguien pidiendo salía hasta corriendo para darle todo lo que llevara. Mis padres cada vez que veían a alguien pidiendo limosna me enganchaban del pescuezo y me convencían para que diera una parte de mi dinero, no todo (lo cual también es lógico). El caso es que en algún lugar del camino, he perdido una parte importante de ese niño. Y el chico del kebab me lo hizo ver ayer.

Mientras caminaba hacia mi casa iba pensando en lo sucedido. ¿Por qué no nos comportamos todos como ese muchacho? ¿Por qué, muchas veces, damos la espalda a lo feo de nuestro mundo? ¿Por miedo, por vergüenza? También me preguntaba qué hubiera pasado si el encargado no le hubiera dado un kebab a esa mujer, ¿le hubiera pagado yo uno? La respuesta, por más que deteste admitirlo, es no. Me hubiera ahorrado los 3 euros que cuesta un kebab y, lo que es peor, a los dos minutos no recordaría lo sucedido nunca más. 3 euros. 3 putos euros. ¿Qué son 3 euros para mí? Sólo el domingo me gasté unos 20 para ver una peli en el cine y tomarme un algo a la salida. 3 euros es lo que me gasto cada jodida mañana para desayunar como un señorito. ¿Qué es un kebab para esa señora? No lo sé. Quizás no sea gran cosa. Pero quizás sí, quizás sea su único alimento ese día. Qué sé yo.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Cómo creéis que hubierais actuado?

Por cierto, si podéis estaría bien que hicieseis click en el banner de irrepresible.info.

Saludos.

2 comentarios:

somezing dijo...

por las mañanas paso por una calle donde hay la mayoria de las veces una chica pidiendo dinero. A la chica ya la conozco (todo lo que puedo llegar a conocer a una indigente) porque la tiraron de los baños de un bar por entrar con una jeringuilla. Evidentemente a esa tia no pienso darle ni un duro. Y, la verdad es que, cada vez que pasa alguien por su lado, le dice de puta para arriba... hay de todo desde luego.
Antes si daba algo, ahora me lo pienso dos veces, seré mala persona pero no quiero ser yo quien financie las drogas de los demás, al menos, voluntariamente.
(inciso: evidentemente no todo el mundo que está en la calle consume, pero no voy a ponerme a preguntar)

Socio de la soledad dijo...

entiendo tu postura. de hecho yo nunca doy limosnas, prefiero darle algo a artistas callejeros, por ejemplo, no a gente que pide sin más.

de todos modos el caso que yo comento es diferente. esa señora no pedía dinero, esa señora pedía comida. y no es lo mismo darle a alguien 3 euros (o lo que sea) que gastarse uno mismo esos 3 euros en comprarle comida a alguien, ¿no?

y luego hay otra cosa que no sé si he sabido transmitir en el post. es el hecho de que muchas veces damos la espalda a esa gente que a veces nos aborda en la calle o en los bares. quizás es humano hacerlo, y supongo que no me voy a convertir de repente en la madre teresa de calcuta, pero si uno se pone en su pellejo tiene que ser duro estarlo pasando mal y encima ver cómo la gente te da la espalda sin escucharte, sentir ese "desprecio". y conste que al primero que critico es a mí mismo, por supuesto.

no sé, sé que no voy a cambiar el mundo y que muy probablemente ni siquiera me cambie a mí mismo, pero creo que es una reflexión que es bueno hacer.

un saludo, somezing ;)