Deshojar margaritas

Iniciar una relación es muy complicado. ¿Es cierto?

Normalmente diría que sí. Esa es mi tendencia natural, más bien pesimista. Pero hoy me siento pletórico. Hoy creo que no, no es tan complicado. Todo es bastante más sencillo de lo que parece si nos abstenemos de hacerlo dificil nosotros mismos.

Planteemos una situación hipotética y dos maneras divergentes de enfrentarla:

Un día conoces a una persona que te atrae físicamente y con quien descubres tener ciertas aficiones, ciertos gustos, en común. En plata, que te mola.

A. Te planteas cómo invitarla a salir. Te preguntas si tú le gustarás. Te preguntas si al pedirle una cita aceptará o declinará la propuesta. Te preocupa que la decline. Te obsesiona que la decline. Te parece que la va a declinar. Sabes que la declinará. Te empieza a dar mal rollo invitarla a salir. No sabes qué hacer. Así durante un tiempo indefinido hasta que decides preguntarle o la situación se termina enfriando y muriendo por diversos medios.*

B. La invitas a salir.






En el caso A la solución al enigma puede ser que la persona objeto de nuestro interés acepte, o bien que no acepte. La probabilidad de éxito a priori es, en consecuencia, de un 50%. Eso si no pierdes tu oportunidad antes de decidirte a hacer la propuesta. Todo esto aderezado con un estrés y unas comeduras de almendra de morirse.

En el caso B la solución al enigma puede ser que la persona objeto de nuestro interés acepte, o bien que no acepte. La probabilidad de éxito a priori es también en este caso de un 50%. Las posibilidades de perder tu oportunidad se reducen casi al 0%. Y además sin rastro de estrés.

Volvamos pues al inicio: iniciar una relación es muy complicado. ¿Es cierto?

Rotundamente no. Si nosotros no nos empeñamos en complicar las cosas, es lo más sencillo del mundo. Simplemente hay que aceptar el hecho de que existe ese 50% de posibilidades de una negativa. Tampoco es tan terrible, ¿no?

Y olvidarse para siempre de esa estupidez de deshojar margaritas. La única margarita que nos debe interesar deshojar es esa persona que nos gusta. Y, al fin y al cabo, las personas sólo tienen dos pétalos. El procedimiento es rápido e indoloro, si no nos complicamos la existencia.

Bueno, pues a mí me ha costado 31 largos años entender esto. Es triste, pero es así.

Mientras tanto, he perdido muchos trenes a los que ni siquiera intenté subir. Deshojando, deshojando... cuando me quería dar cuenta ya no había ni rastro del tren en la estación. Espero no perder ninguno más. Excepto aquellos en los que no me deje entrar el revisor, claro está.

Por cierto, este fin de semana salgo de viaje. En un tren precioso. A ver dónde me lleva.



NOTA: El autor se reserva el derecho a cambiar completamente de opinión en cualquier momento. Que el autor se conoce ya, y sabe cómo se las gasta.

* Otra cosa no tendrá la vida, pero medios diversos tiene sacos y sacos.

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