Súbditos

El año que viene hay elecciones. Dentro de poco nos empezarán a hacer la rosca y a prometernos el oro y el moro, nuestras calles se inundaran de sonrisas falsas en carteles pegados a la pared y en televisión seremos testigos de cómo unos y otros se tiran todo tipo de trapos sucios a la cara, una especie de Salsa Rosa de la Democracia.

Servidor dejó de votar hace ya once años y se transformó en un abstencionista empedernido. Por desencanto. Todo ese rollo de la democracia participativa, este maravilloso sistema en el que los ciudadanos tenemos capacidad de decisión... todo eso es hoy una farsa, todo eso se lo han cargado unos políticos profesionalizados más interesados en alcanzar cotas de poder y enriquecerse que en servir a la sociedad. Por cierto, recuerdo a los que ya hayan perdido perspectiva y a los más jóvenes, que es ése y no otro el objeto de la política. Al menos así entiendo yo la política. Está claro que demasiada gente la entiende de otra forma, y en lugar de ponerse al servicio de la sociedad ponen la sociedad a su servicio.

Por todo esto no voto. Y porque me repugna que me quieran hacer creer que un día cada cuatro años soy un ciudadano y como tal tengo el deber de votar y ser un demócrata de la hostia en verso, para luego en los restantes 1.460 días que pasan hasta las siguientes elecciones tratarme como a un súbdito. "Trabaja, paga tus impuestos y cierra esa bocaza."

Los políticos nos hacen la pelota durante un mes y nos aprietan las pelotas durante cuatro años. Eso es lo que recuerdo yo cuando toca votar. Y tengo la sensación, aunque no datos, de que cada día son más los que piensan como yo, los desencantados, los hastiados. Cada nueva jornada electoral aumenta el porcentaje de abstencionistas, uno nunca puede saber si todos ellos son abstencionistas concienciados pero yo me barrunto que muchísimos han de serlo. Quizás el día en que el abstencionismo supere el 60% los políticos comiencen a asustarse, aunque no tengo mucha esperanza en eso tampoco, si tienen sillón les da igual lo demás.







¿Por qué os encasqueto este tocho-ladrillo? Pues no sé muy bien. Esta mañana, atrapado en el cotidiano atasco para salir de Alcalá, me estaba sintiendo bastante alienado, la verdad. Eramos miles de personas en ese atasco, miles de súbditos, ni un sólo ciudadano. Todos aguantando algo insufrible, yendo a nuestros trabajos que nos permitirán pagar nuestros impuestos, algo de pan y algo de circo. Y en lugar de bajarnos todos del autobús, de los coches, etc. y liarnos a levantar barricadas allí mismo (que es lo que en justicia deberíamos de hacer), en lugar de eso, seguíamos todos nuestro camino, mansos, sólo pensando en que quizás deberíamos madrugar más al día siguiente, quitarnos tiempo de sueño, tiempo libre, para llegar a tiempo al trabajo. Me he puesto triste. Triste y de mala hostia. Pero sobre todo triste.

Y la primera reacción ha sido acordarme de nuestro queridísimo alcalde D. Bartolomé. Y pensar que quizás en las próximas elecciones debería abandonar el abstencionismo para colaborar a desalojar a semejante incompetente del ayuntamiento. Este hilo de pensamiento me ha llevado a imaginar a quién podría votar el año que viene. Y claro, ahí ya lo he comprendido. Hoy me está jodiendo Bartolomé, me está jodiendo Esperanza y me está jodiendo José Luis. Pero mañana me estarán jodiendo otros. Y no puedo participar en eso, me sentiría muy sucio. Si me van a joder, que me jodan, pero será sin mi consentimiento.

Así que nada, para las próximas tampoco volveré al colegio. Sé que no soluciono nada, pero al menos no me siento parte de la podredumbre.

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