Un año sin humos

El título no es exacto, claro. Cada cual cuenta la historia según le va. Lo cierto es que dentro de unos días se cumplirá un año desde la entrada en vigor de la polémica ley que prohibía fumar en lugares de trabajo, en ciertos bares y restaurantes dependiendo del tamaño, etc. Vamos, ya sabéis de qué hablo, no me voy a poner a explicarlo que es muy cansino y además no sabría hacerlo bien.

¿Recordáis el revuelo que causó esta ley hace un año? No sé en este mundo de los 'blogs', pero yo por entonces participaba en un foro y el tema dio para mucho. Y también en la calle, claro. En su día yo no era partidario de la ley. De hecho sigo sin serlo. Sin embargo, he de reconocer, y os habla alguien que fuma desde la más tierna infancia y no tiene intención de dejar de hacerlo por ahora, que la dichosa ley no ha supuesto ningún inconveniente en mi quehacer diario. Muy al contrario, ha traído cosas bastante agradables.


Para empezar, la ley me ha impedido fumar en mi trabajo. Esto es bueno por dos motivos: primero, no atufo a nadie (me considero un fumador bastante educado pero reconozco que a veces el vicio nos ciega) y segundo, y más (egoístamente) importante, me proporciona una coartada perfecta para perder cuartito de hora cada mañana tomando el solete en la calle mientras miro pasar gente, que no es gran cosa pero entretiene que da gusto.


Otra ventaja: la ley ha conseguido que se deje de fumar en los andenes del Metro. Eso ya estaba requeteprohibidísimo pero a mucha gente, hablando en plata, se la traía floja (al menos en el Metro de Madrid). Esta ley parece que ha dado más autoridad a la gente para avergonzarles la conducta a los incívicos que seguían fumando en el metro, que algunos hasta tenían los santos melendengues de dar la última calada y echar el humo dentro del vagón. Mira, pues eso llevo un año sin verlo, tan ricamente.




Una más: quien quiera puede desayunar o tomarse una caña o lo que le pete sin aguantar humera. Eso está bien, poder elegir si quieres un bar sin humo o con humo. Vale, probablemente haya muchos más con humo, pero quien quiere puede encontrar un bar libre de fumetas. A mí, la verdad, para otras cosas no, pero para desayunar me fastidia bastante el humo.


Hay otra cosa que no sé si será ventaja o desventaja, la verdad. En este año hay mucha gente que ha decidido dejar de fumar y, en un sorprendente porcentaje, además lo ha conseguido. Supongo que todos tenemos casos a nuestro alrededor. Esto es una buenísima noticia, evidentemente, para los que han pasado a ser ex-fumadores, su salud seguro que se lo agradece. Y en teoría también es buena noticia para la sanidad pública, aunque teniendo en cuenta la pelotera de pasta que recibe sanidad de los impuestos sobre el tabaco habría que ver si no va a ser peor el remedio que la enfermedad. Y luego, en el plano estrictamente personal, tiene varios contras esto de que tanta gente deje de fumar. Por un lado, la brasa "hijo-que-te-estás-matando" se ha incrementado en varios puntos en la escala plasto-maternal. Y por otro lado, más te vale no olvidarte el chisquero en casa, porque encontrar fuego en la rúe es casi más dificil que encontrar vida inteligente en el Congreso.


En resumen, que sin estar muy de acuerdo con la ley en sí y nada de acuerdo con el espíritu fiscalizador que subyace a ella (como estoy de pedante hoy, 'mother of the beautiful love'), no me queda más remedio que reconocerle ciertos logros, al César lo que es del César.


¿Y vosotros? ¿Cómo os ha afectado la ley? ¿Para bien? ¿Para mal? ¿Ni fú ni fá? ¿Sois fumadores y os han hecho la cusqui? ¿Sois gente virtuosa (sin vicios, digo, jeje) y estáis de contentos que dais palmas con las orejas?

6 comentarios:

woody dijo...

Pues yo, que nunca he fumado (demasiadas desgracias familiares para permitírmelo) estoy encantado con la ley, aunque reconozco que algunos aspectos son un tanto absurdos. La verdad que desayunar, comer o cenar sin una nube radioactiva por encima de la cabeza es un lujazo. Ah!, y lo que dice Kutxi del metro de Madrid es una gran verdad.
http://www.blognomelocreo.com/

Saltasetas dijo...

La verdad es que como no fumo (o al menos menos de un cigarro al mes de media) pues solo me ha servido para que no me atufen en ciertos sitios, pero al tener una familia y amigos fumadores... pocos sitios, la verdad.
Y de la ley opino lo mismo que tú... que no me gusta.
No me gusta que me traten como un niño que no se sabe comportar... con esto, con lo de las hamburguesas y con otras cosas... si me quiero tirar por un puete, me tiro y ya está

KUTXI dijo...

Hola, Woody. Yo eso del metro nunca lo entendí, sobre todo los que se encendían el cigarro nada más bajar del vagón... ¿no puedes esperar tres minutos para fumar???

Hola, Saltasetas. Ten cuidado que medio cigarro al mes se va acumulando en los pulmones y vete tú a saber. :-D Eso no es fumar ni es nada, fumas más si me pongo yo a tu lado, jeje.
Y lo del puente... buf, sí... aunque también es verdad que el Estado tiene que proteger al ciudadano aunque éste no quiera, y proteger a los fumadores pasivos sobre todo. Lo que pasa es que es un poco hipócrita eso de prohibir que se consuma un producto porque mata... y permitir que se venda.

Saludos.

Norma dijo...

Hola kutxi, la verdad es que llevo tantos años acostumbrada a no entrar en los bares, que ya no lo echo de menos.
En el paquete Ducados quiero ver escrita la frase de Paracelso ;)

Myriam dijo...

Yo agredzco que ya no se fume en la oficina. El "fumadero" estaba en mi planta y toda la zona estaba atufada...

gotomax dijo...

Pues yo dejé de fumar el pasado día 18 de Nov.
Sin parches ni nada más que la propia decisión. Ya lo dejé años atrás, cuando me metía entre pecho y espalda tres paquetes diarios de HABANOS, de los de antes (si fumas negro sabes de qué hablo). Durante diez años fuí un ex-fumador -nunca pasas a ser un no-fumador- pero una boda rompió mi pacto interior, y eso que no era la mía. Al poco tiempo ya andaba por el paquete diario y encima de rubio.
Ahora he sustituido el vicio por otro aún más nocivo, escribo en un blog y comento en otro montón de ellos. El caso es tener alguna adicción.