Marcapáginas

Hace un rato he leído en Libro de Notas (llegando a través de Fogonazos) un interesantísimo artículo, que os recomiendo, en el que se hablaba de los libros de biblioteca y las diversas huellas que los sucesivos lectores van dejando en ellos.

Me ha recordado a un relato que escribí hace unos meses. Creo que no es un buen relato, de hecho fue un descarte, pero con las poquitas ganas que tengo de escribir (y de nada, en general) pienso que es un buen momento para rescatarlo.





Miró sus ojos una vez más. No llevaba la cuenta. No la podría llevar. Había mirado sus ojos unos pocos cientos de veces, ¿tal vez miles? Pero esta vez era tan diferente...

Recordó la primera vez que los miró. The French Lieutenant's Woman. Ella le miraba desde un lugar entre las páginas 70 y 71. La cogió con delicadeza para mirarla más de cerca. Sus ojos. ¡Sus ojos! Cuando logró apartar la vista de ellos, volvió al libro:

And once, but once, she lifted her eyes,
And suddenly, sweetly, strangely blush'd
To find they were met by my own ...

Tennyson, Maud (1855)

Pasó todo aquel fin de semana mirando aquella foto. Aquellos ojos que le escrutaban. Aquellos que alguien había usado, y olvidado, como marcapáginas. Miraba aquella cara pero eran los ojos lo que veía. Sólo sus ojos. Y no podía dejar de hacerlo. ¡Qué estupidez! Sólo era una fotografía de una chica, de una completa desconocida. Pero aquellos ojos eran algo más. Era estúpido. No tenía sentido. Pero no podía dejar de mirar aquellos ojos.

Y allí estaban de nuevo. Los mismos que había mirado tantas veces. De nuevo mirándole desde un libro. Impresos esta vez, hoy, en la contraportada, con nombre y apellidos.

Y aquel lunes fue a la biblioteca. A primera hora. Pero no consiguió averigüar nada. El libro sólo había sido prestado en tres ocasiones. Tres nombres masculinos. Nadie conocía a la mujer de la fotografía. Decidió olvidar el asunto. ¡Por Dios, era ridículo! ¿Enamorado de una foto? ¿Tan patética era su vida que tenía que enamorarse de una maldita foto? Desde luego que no. Cogió la fotografía decidido a arrojarla a una papelera. Pero aquellos ojos... Así que volvió a colocar la fotografía en el libro. Así se haría, los ojos volverían a la biblioteca de nuevo dentro del libro.

No hay mucha gente haciendo cola. Es una novelista casi desconocida, al fin y al cabo. Primera novela. Me quedan seis personas por delante. ¿Diez minutos? Sí, poco más o menos eso es lo que tendré que esperar. ¿Y qué son diez minutos comparados con cuatro años, tres meses y 19 días? Joder, qué nervios, me estoy consumiendo.

Jamás devolvió aquel libro. Jamás.

Realmente es una actividad agotadora. Gratificante, desde luego. Pero agotadora. Me duele la muñeca. Está muy bien esto de recibir halagos de tantos desconocidos, gentes que jamás he visto, gentes que hablan conmigo como si me conocieran de siempre. Está muy bien esto, pero también hace que me sienta mal. No saber cómo, no poder devolver este afecto. Sólo una escueta dedicatoria. Una escueta, vacía, dedicatoria. Y además me duele la maldita muñeca. Pobre Antonio Gala. Ja, ja, ja.

Soy el siguiente. Pánico. Si me pudiera mover probablemente saldría corriendo de aquí. Mientras deposito el libro frente a ella noto como todo mi brazo tiembla. Joder, si me están temblando hasta las gafas. Levanto la vista y sólo puedo ver su cabeza gacha contemplando extrañada el libro de John Fowles.

Para Laura, con afecto... blablablá blablablá... Siguiente. 'Chico, abusas del café' pienso por un instante. Hasta que veo el libro, aquel libro. He dejado de oír, no oigo absolutamente nada. Miento. Oigo mi propio corazón latiendo. Como si tuviera a Jimmy Chamberlin en el pecho. A Jimmy Chamberlin con muchas ganas de hacer ruido, diría incluso. Aquello fue en su día sólo un juego. Dejar en el libro aquella fotografía.

Mientras cerraba el libro Martín dijo, engolando teatralmente la voz: "Y un día alguien hallará esta foto, y si consigue encontrarte... será él, ¡Tu Hombre!". "Estás loco", dijo ella riéndose. "Y borracho también, sí. Pero, oye, ¿quién sabe?" Los dos continuaron riendo.

Y ahora lo tengo delante. El libro y... no soy capaz de levantar la cabeza.

Voy a morir. Si no dice algo pronto voy a morir. Creo que ha reconocido el libro.

And once, but once, she lifted her eyes...

13 comentarios:

martinezconacento dijo...

Kutxi, El otro día sacó mi mujer un libro de la biblioteca sobre la muerte de Poe, y el historial era desolador; todos los que lo habían cogido previamente lo habían devuelto al día siguiente. Esto no habla de los lectores, habla del libro que, efectivamente era un peñazo. Y es que los libros, cuando
los retiramos de un sitio público, siempre cuentan más cosas de las que tienen en su texto.

mandarina azul dijo...

¿En serio piensas que es un mal relato? A mí me ha gustado mucho... y no es peloteo, eh. Si todos los descartados son como éste a ver si te animas a ir rescatándolos.

(Yo confieso: En los libros, para señalar las páginas, utilizo cualquier cosa excepto un marcapáginas propiamente dicho, y casi siempre al terminar el libro la dejo en él.)

KUTXI dijo...

Hola:

Sí, Marti, de ese tipo de cosas habla el artículo de Aberrón. A mí me ha encantado. Yo me saqué una vez el carnet de una biblioteca pública. Después de leerme dos libros, gustarme ambos y acabar comprándomelos, decidí que las biblios no eran lo mío. Tengo un problema grave con ser tan posesivo con los libros. :-D

Manda (suena como Amanda... "o la que encuentra contento esnifando pegamento")... Perdón, se me ha ido la pinza asociando ideas, eso es de un libro de Tim Burton. Muchas gracias, realmente sí pienso que no es bueno, tanto como malo, no sé, pero siento que le falta algo, está cojo.
Durante un tiempo tenía la mala costumbre de doblar las esquinitas, ahora utilizo un marcapáginas o simplemente me acuerdo de dónde me he quedado.

SOMEZING dijo...

jejeje. pues mira, yo no uso marcapáginas y eso que tengo uno muy bonito. Tampoco me gusta doblar las páginas porque, ilusa de mi pienso que eso es delito y que el libro lo pasará mal (en fin). Yo intento acordarme de la página pero como no es así, pues me paso cinco o diez minutos buscando hasta que encuentro la página en cuestión.

zendal dijo...

Genial post.

La foto de la chica que has colgado es que es realmente hipnotizante.

Yo ahora utilizo postales como marcapáginas. Antes se las traía a mi hermano, que las coleccionaba. Pero como se le pasó la afición, pues, ala, de marcapáginas.

dalr dijo...

Es genial todo lo que puede llegar a pasar alrededor del libro. Yo he usado de todo como marcapáginas (muy habitualmente el recibo de la librería) pero desde hace un par de años apenas uso. Voy tan de cabeza, siempre arriba y abajo, que me he pasado al libro digital. No es lo mismo, pero como leo en el ratillo del café, en las salas de espera, en los autobuses... lo de arrastrar un par de semanas "Los pilares de la Tierra" no es opción. Eso lo dejo para cuando puedo leer en casa. Luego compro los libros en papel por eso de que mi librería está huérfana sin ellos, pero suelo acabar regalándolos, volviéndolos a comprar, regalánd...

mandarina azul dijo...

¿Lo cuálo me has llamado? grrrrrrrrrrr

KUTXI dijo...

Hola,

Somezing: a mí también me da cargo de conciencia hacerle perrerías al libro, jeje. Qué cosas.

Gracias, Zendal. Yo, como dice Darl, uso de todo como marcapáginas: cualquier ticket o papelujo. Aunque tengo dos especiales que me regaló una chica perfecta, a veces uso uno, el otro lo tengo a resguardo.

Darl, pero ¿lees en el portátil? porque si lo imprimes casi te ocupa más que un libro normal, ¿no? Yo sólo una vez me bajé un libro, y menos mal que no lo compré, porque era horrible.

Manda... ¿es por lo del pegamento, no? Ya te digo, una asociación de ideas que me surgió... Es que Manda me sonó a Amanda, y Amanda me recordó esto, pero vamos, de buen rollo, jeje:

"Por ahorrarnos la demanda,
la llamaremos Amanda
(o "la que encuentra contento
esnifando pegamento).
Sé que tiene este desliz
pues cada vez que se suena
el kleenex -tras que ella truena-se le pega a la nariz."

Es de 'La melancólica muerte de Chico Ostra' de Tim Burton, un librillo muy curioso.

dalr dijo...

No Kutxi, en el portátil no. Que se trata de llevar poco peso. Tengo una PDA, lo que toda la vida se ha llamado una agenda electrónica pero un poco más potente. Me permite leer libros en formato e-book o PDF. La verdad es que no tiene la misma gracia que el libro en papel, pero es cómodo. Sobre todo porque yo suelo llevar encima unos 100 libros de varios géneros (nunca sé por dónde me va a dar la próxima vez) y en cuantito acabo uno empiezo a repasar la lista de lecturas pendientes a ver cuál me seduce...

Entre las poquísimas ventajas del e-book (aparte del peso) está que puedes hacer todos los subrayados y anotaciones que quieras sin estropear el original. Entre las muchísimas desventajas está que no puedes usar marcapáginas. El muy joío se acuerda de por dónde te quedaste la última vez :(

KUTXI dijo...

Aaaaaaah... migo! Ahora entiendo lo que van haciendo esas personas en el Metro. No son grandes trabajadores con importantes responsabilidades... van leyendo! Ahora que lo sé dejaré de llevar el Financial Times debajo del brazo para parecer importante, jajaja. Y ya hablando en serio, creo que jamás probaré eso de e-book en PDA, porque me gustará y tendré que comprarme una PDA y de pronto la encontraré indispensable y le compraré todos los extras... y me endeudaré hasta las cejas. Y no es plan. ;-)

Norma dijo...

Malditos autores!!! qué manía con los finales abiertos!!!! ;)

Saltasetas dijo...

'La melancólica muerte de Chico Ostra' de Tim Burton... un libro que llegó a mis manos de casualidad y me sorprendió (no conocía por aquel entonces nada parecido)

dalr dijo...

Kutxi, haces bien en ni planteártelo. Lo de la dependencia al móvil o a la música clásica en el aipos no es nada comparado con la sensacióndestarenbragas de cuando te dejas la cacharra en casa y estás sin lista de la compra, sin emepetreses, sin el teléfono del tarot amigo o sin un mal quijote que leer en la consulta de un médico al que no llegas porque no sabes ni la hora ni la dirección. Hay una frase de Unamuno, en Niebla, que he adaptado a mi nueva condición de pdaadicto (palabra fea, vive Dios): no guardes en tu cabeza lo que quepa en tu bolsillo. Pues con la de gigas que le puedes meter al cacharrín, mi cabeza está más vacía que nunca!!!