Vivir en cursiva

Madrid. Unos cinco millones de habitantes, poco más o menos. Siete de la tarde, aproximadamente. No es un día laborable con recorridos rutinarios en horarios habituales sino domingo. Metro de Madrid, línea 5, desde Canillejas a La Latina. En no sé qué estación, probablemente Nuñez de Balboa, una chica guapa sube a mi vagón y se sienta justo frente a mí. Habla por teléfono con una amiga que, por lo visto, pilló cacho la noche anterior aunque la cosa, para decepción de la chica guapa no llegó a mayores. Y para colmo su amiga no le dio el teléfono al interfecto ante lo cual la chica guapa, decepcionada, comenta: "aunque sólo sea por tener un amigo en cada puerto...". Mola. La pinta y las cosas que dice. Se baja en Gran Vía. Se han cruzado miradas durante el trayecto. Lo normal, por otro lado.

Madrid. Aproximadamente las diez de la noche. Sigue siendo domingo. Es de suponer que algunos habitantes habrán fallecido y otros nuevos habrán nacido en las tres últimas horas, pero es poco probable que esto afecte en gran medida a la historia. Metro de Madrid, línea 5, desde La Latina a Canillejas. En Gran Vía una chica guapa sube a mi vagón y se sienta justo frente a mí. La misma chica guapa. Nos miramos un poco flipados ambos. Clavo la mirada en la novela que acabo de empezar. ¿Qué posibilidades hay, estadísticamente, de que algo así suceda?

"¿Qué posibilidades hay, estadísticamente, de que algo así suceda?", le pregunto. Hablamos sobre el azar y el destino. Le comento que sería un gran error olvidarse de darme el teléfono y le recuerdo que hay que tener un amigo en cada puerto. Se ríe. Para cuando llegamos a Nuñez de Balboa hemos decidido tomar un café, "aunque mejor nos lo tomamos en mi casa". El resto está aún por contar.

Llevo unos veinte minutos aguantando los berridos de un tipo grasiento que cree tener gracia. A pesar de todo, trato de concentrarme en esa novela que acabo de empezar. Las novelas son mejores que la vida. Mejores, al menos, que mi vida. En las novelas a la gente le ocurren cosas en cursiva. Me gustaría aprender a vivir en cursiva. Al menos de cuando en cuando.



Audio-video: Ximena Sariñana - Mediocre

5 comentarios:

Scarlett dijo...

Me gusta la idea de vivir en cursiva, pese al riesgo de amanecer con tortícolis :-)
Besos

Myriam dijo...

Que digo yo que a veces es uno quien le tiene que poner la cursiva a la vida, no?

Yo creo que, en este caso, el destino ya había hecho su parte :)

kutxi dijo...

Myriam, diste en el clavo. A eso me refiero con "aprender a vivir en cursiva". Si hubiera estado menos fino le habría llamado echarle pelotas a la vida. Pero es que soy fino hasta para echarme la bronca. xD

;)

Myriam dijo...

Pues ya lo dijo no-sé-quién: es peor arrepentirse por no haber actuado...

Pa la próxima, ya sabes :)

Michael dijo...

Si tienes razon Myriam

si uno mismo no pone la cursiva a la vida quien la pone¿?

a veces tenemos que actuar espontaneos y asi intentar vivir en cursiva

saludos.