Mamá tenía razón, en el fondo

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Se despertó bruscamente al chocar contra el quitamiedos y ya solamente pudo asirse con fuerza al volante mientras se precipitaba al vacío. El morro golpeó contra la superficie y rápidamente el coche comenzó a sumergirse. Trató con todas sus fuerzas de abrir la puerta pero la presión del agua lo hacía imposible; aún así siguió intentándolo, golpeando la ventanilla, arañándola.

Fue entonces cuando vio el campanario. El auto se deslizaba hacia el fondo sobre la vertical de lo que fuera décadas atrás la plaza mayor de un pueblo condenado, como tantos, a convertirse en pantano en aras del progreso. Por alguna razón aquella visión la calmó, y observó pacientemente la fachada románica mientras el agua iba llenando el habitáculo. Supo entonces que tenía solo una oportunidad. Esperaría a que el agua lo ocupara todo y entonces, igualadas la presión interior y exterior, podría abrir la puerta y nadar hacia la superficie. Que consiguiera llegar o no, era una duda que se despejaría en pocos minutos.




 Había llegado el momento, el agua alcanzaba ya su barbilla, tomó todo el aire que pudo e hinchó sus carrillos preparándose para el ascenso. Mientras salía del vehículo comprobó aterrada como cientos de finas burbujas escapaban por algún punto entre su labio inferior y su barbilla, y braceó frenéticamente con la distorsionada luna llena como objetivo.

 
No vio luz alguna al final de ningún tunel, ni su vida pasó ante sus ojos como si de una película se tratase. Ella solo vio a su madre, algunos años atrás: “Mira, es tu boca y tu dinero, así que haz lo que te parezca. Pero piénsatelo bien, que eso es algo para toda la vida, no sea que en el futuro te vayas a arrepentir del dichoso 'piercing'”.
  

Nota: Pido perdón a la inspiradora de este relato por asesinarla ficticiamente. xD

3 comentarios:

Anónimo dijo...

en la vida te perdonaré esto, perrusco, con cientos de burbujitas y todo, jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

kutxi dijo...

No dirás que no te has sentido identificada. xDDD

Anónimo dijo...

nunca en mi vida me sentí tan identificada, e vero...