Beatriz, agosto de 1997

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Los amores cobardes no llegan a amores

ni a historias, se quedan allí.

Ni el recuerdo los puede salvar,

ni el mejor orador conjugar.


Silvio Rodríguez



Bailabas

pegándote a mi espalda.

Frotabas

tu sexo en mi cintura.

Llorabas

debajo de la falda.

Fingías

sentirte tan segura.


La lectura era fácil,

igual que un telegrama:

“Mi cuerpo por tu amor.

Mi sexo por tu alma.”


Y supe que podría ceñirte por el talle,

salir del bar hacia la noche,

y en un rincón oscuro de la calle

usarte a mi capricho contra un coche.


Supe que podría agarrarte por el pelo,

arrastrarte y encerrarnos en el baño,

y allí, en cualquier húmedo suelo,

saciarme con violencia, hacerte daño.


“Es solo que su risa

me resulta tan vulgar...”

Y lo he querido creer,

y lo he llegado a contar.


Si no firmé el contrato,

si no sellé tu acuerdo,

no fue por falta de ganas,

fue más por sobra de miedo.


Eran otros tiempos.


Imaginaba entonces vaginas

con dientes afilados.

Y tu ingle era de todas

la más amenazante.


28/04/2010



Audio-video: Silvio Rodríguez - Óleo de mujer con sombrero (directo)

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5 comentarios:

Myriam dijo...

Si ya lo dice el dicho, que es peor arrepentirse de no haber actuado...

ruizropero dijo...

Cobarde, pichafloja.
(Es broma que luego empezamos con lo de los ataques)

Enhorabuena.

kutxi dijo...

Myriam, tampoco es algo de lo que me haya arrepentido nunca. Es solo que ayer lo recordé y me di cuenta de lo capullo que fui con ella.

ruizropero, si la cosa es que tienes razón. Bueno, en lo primero nada más. xD

Myriam dijo...

Pues bien enmendado queda. Está genial.

rose dijo...

Pues eres valiente por confesarte, Kutxi