El kutxi, ese hombre

En mi documentación figura el nombre de David Santos Solano aunque la realidad es que tal nombre es una denominación únicamente válida a efectos administrativos, laborales y familiares; para el resto del mundo soy kutxi, e incluso cosas peores.

Nací en el año 1975 coincidiendo exactamente con el 163 aniversario del nacimiento del célebre novelista inglés Charles Dickens. Este hecho no tuvo absolutamente ninguna trascendencia en mi vida pero es un dato que me gusta aportar cada vez que puedo para darme ínfulas. Criado en el seno de una familia de clase media normal y corriente, con una madre, un padre, un hermano, un perro y diversos parientes que a veces nos visitaban, nunca me faltó de nada y siempre me sobraron unos kilos. Mi infancia se desarrolló sin excesivos sobresaltos y, podría decirse, felizmente.

Todo esto se truncó cuando llegué a la adolescencia y, al igual que le sucede a un alto porcentaje de mis congéneres humanos, me volví medio tonto con reminiscencias de tonto entero y ligeros toques afrutados. Azuzado por mi absoluta incompetencia en lo relativo a la conquista amorosa y animado asimismo por el consumo de manifestaciones artísticas poco indicadas para convertirse en la alegría de la huerta, me fui metiendo en un papel de hombre atormentado y misterioso que, a fuer de ser sincero, me sentaba como a un santo dos pistolas. A día de hoy, puedo presumir orgulloso de casi haberme quitado aquel pavazo de encima. Casi.

Sin embargo, no todo fue malo. Aunque lo cierto es que mi afición por la escritura, entonces de relatos breves, venía ya desde la infancia, fue durante esta época que comencé a escribir algunos poemas nefastos y, con el discurrir del tiempo y el pulimiento de la técnica, he terminado por redactar algunos cuya lectura no provoca demasiada vergüenza ajena.

Y cuento todo esto para llegar a la siguiente cuestión: ¿Por qué escribo? Quizá porque si en lugar de escribir mis pensamientos, neuras y/o tontadas varias me dedicara a contárselas a las personas que me encuentro por la calle la gente huiría aterrorizada ante mi presencia. O quizá porque es lo único que realmente sé hacer bien. Lo cual, viendo cómo escribo, no es para echar cohetes, dicho sea de paso.

En fin, este rollo que acabo de endilgaros ha cristalizado en kutxitxeos.net y en unos pocos libros que podéis descargar gratuitamente, si gustáis, en la pestañica implementada a tal efecto.

Sin más, sed bienvenidos y comentad, malditos, comentad.