La sed

Había perdido ya la cuenta de los días. Sin duda eran muchos, tal vez incluso más. No recordaba en qué consistía la ausencia de dolor. La piel eran harapos hechos jirones por la arena y el sol. Y el sol no era el sol. El sol era un zumbido constante ocupando la cabeza, era un líquido hirviendo en el que estaba sumergido, era todo el peso de hasta lo que nunca ha existido aplastándole contra el terreno.

Y fue así que llegó al oasis. Cayó de rodillas y se arrastró el último par de metros. Alargó el brazo y acarició la superficie con la yema de un dedo. Y comprendió que aquello era real. Agua, sombra. Y el fin del dolor.

Ved cómo se aleja ahora. Arrastra los pies hundidos en la arena de la duna. Ved cómo se pierde entre las nubes de polvo, cargando con el sol. Ved cómo deja atrás la salvación, cómo se marcha buscando espejismos.


Audio-vídeo: The Police - King of Pain


3 comentarios:

anabelee dijo...

Me gustan los espejimos.
Es mejor sentir dolor que no sentir nada.

Myriam dijo...

Darling, espero que no sea una metáfora de nada importante.

bs

kutxi dijo...

En primer lugar, mis disculpas por no haber contestado antes. No tengo excusa ninguna, más allá de que a veces me vuelvo un poco desconsiderado. Lo lamento.

Gracias, anabelee. En la línea de tu segunda frase he pensado muchas veces, otras veces pienso justo lo contrario. Todavía estoy por decidir qué es lo que prefiero.

Myriam, el otro día vi una entrevista a una cantante sueca, Melissa Horn, que escribe canciones mayormente tristes. Comentaba que tras escuchar su segundo disco su padre le preguntó: ¿De verdad te sientes tan horriblemente mal? Melissa contaba la anécdota entre risas. Y a mí no me cuesta ponerme en su lugar. Las cosas nunca son tan feas como nos gusta pintarlas a los poetastros.

Besos para las dos.