La puerta

Estaba parado frente a la puerta. Los pies se posaban sobre el felpudo marrón. Bajó la cabeza.

B I     N V E     I D O

Tomó el pomo de la puerta con firmeza mientras con la otra mano sopesaba el letrero de cartón. Acarició la leyenda en letras rojas.

NO MOLESTAR

Mientras tomaba una decisión se sentó en el gran baúl de madera que arrastraba. Bajo la tapa guardaba el tesoro que había ido acumulando. No sabía qué recibimiento le esperaría tras esa puerta, pero apenas le importaba. Era valiente. Ahora era valiente. Solo sabía que en la estancia se hallaba lo mejor que jamás había encontrado. La única pieza que parecía dar sentido a un puzle en el que nunca encajó.

Y cuando todo parecía claro se percató de un detalle que hasta entonces había escapado a su atención. Su gran baúl de madera era enorme, mucho mayor que aquella angosta puerta. Y supo al instante que no podía cruzar aquella puerta y anunciar a voz en grito su llegada. No podía imponer su presencia y exigir una reacción. Porque supo que no podía dejarlo todo atrás. Ya no. Ahora no. Todavía no.

Se alejó por el pasillo arrastrando su baúl. Tal vez volviera otro día, cuando el baúl ya no importara. O tal vez la puerta se abriera desde dentro. O tal vez no. Sintió al caminar que tenía los zapatos llenos de espejos rotos. Y que las garras de lo que pudo haber sido le arrancaban las entrañas. Pero su paso era firme.


Tal vez volviera mañana. Tal vez no.



No hay comentarios: